Edición 73 - Año 2 | Semana 20 - 26 mayo |
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La contaminación electromagnética

Las líneas de alta tensión, los transformadores, los teléfonos fijos DECT, los móviles y los sistemas Wifi, la producen. Deberíamos tener mucho más respeto hacia ellos, ya que según los científicos independientes la exposición continua a su contaminación produce cáncer

Uno de los causantes: los sistemas Wifi/ Foto: Flickr Miniyo73

La contaminación electromagnética (CEM) de baja frecuencia, afecta fuertemente a la población que vive cerca, encima o debajo de estas fuentes de emisión, aunque gran parte de la ciudadanía lo desconoce. La excepción son las líneas de alta tensión (LAT), sobretodo en la construcción de nuevos y grandes proyectos los cuales han generado importantes movilizaciones ecologistas y ciudadanas. Algunas de estas han logrado modificar trazados o incluso proyectos enteros.

Para los ecologistas estos grandes proyectos de LAT son un problema prioritario, como también lo son los proyectos de los macro-modelos de generación y transporte de energía, que acarrean problemas ambientales y climáticos. En los últimos diez años, las grandes estaciones y subestaciones en entornos urbanos también han sido el punto de mira de importantes movilizaciones en defensa de la salud y la calidad de vida. En cambio, los pequeños y discretos transformadores urbanos de barrio o zona, de los que hay aproximadamente en cada manzana, pasan desapercibidos. Pocas personas están informadas de los riesgos de estas instalaciones pegadas a sus viviendas, escuelas o centros de trabajo, sobre todo para los menores y embarazadas.

“La culpa radica en la industria, pero también tienen parte de responsabilidad el poder público y los medios de comunicación.”

Además, existe la contaminación eléctrica y magnética que se genera por instalaciones de baja tensión y determinados aparatos de nuestros hogares y centros de trabajo: diseño del circuito eléctrico, falta de toma de tierra, canceladoras y arcos magnéticos, dispositivos antirrobo, frigoríficos, cocinas de inducción, etc.  El reconocimiento oficial a nivel internacional del potencial nocivo de la contaminación de baja frecuencia está relativamente avanzado. En cambio en el Estado español, tanto sea a nivel laboral como doméstico, la legislación no protege del riesgo del que nos alertan las investigaciones científicas. Estos científicos independientes recomiendan no superar los 0.1 microTeslas, sobretodo en donde hay menores de seis años y embarazadas. En nuestro país se permiten niveles de hasta 500 microTeslas en entornos laborales y de hasta 100 en los residenciales.

Han existido casos de grave afectación o de muerte que han aparecido en algunos medios de comunicación. Esto ha suscitado interés público y ha dejado su huella en los tribunales. Ante la dificultad de cambiar significativamente la legislación estatal, los grupos ecologistas y asociaciones de afectados recurren a los Ayuntamientos para elaborar normativas urbanísticas similares a las leyes y prácticas de otros países. También son necesarias campañas y posibles medidas de protección, para que la población que está expuesta sepa el grave riesgo que corre al convivir con este tipo de contaminación.

Contaminación electromagnética de alta frecuencia 

Las antenas de telefonía móvil instaladas legal e ilegalmente y camufladas, afectan fuertemente a los vecinos y centros escolares que se encuentran a determinada distancia del haz de emisión. Aunque las radiaciones sean pequeñas, si éstas se prolongan en el tiempo, generan efectos nocivos cada vez más graves y generalizados, tal y como se están dando casos. Las movilizaciones de afectados y las advertencias de los científicos independientes son silenciadas por los medios de comunicación.

Las personas a las que no les afecta dan prioridad a otros problemas como el paro, la vivienda o incluso el cambio climático. Para la mayoría de la población el CEM es algo que afecta a otros, o sea vecinos que se movilizan por un exceso de cáncer en su barrio o los padres con colegios afectados. Se logran éxitos parciales y retiran antenas y estaciones base, pero al reducirse la amenaza se pierde el impulso y la movilización social. La mayoría de la población se olvida de los peligros del móvil, regalándolos a niños y adolescentes, de su inalámbrico casero, del Wifi que está irradiándonos ya en muchos lugares, entre otros. Se procura no pensar en su posible relación con el aumento del cáncer e incluso molestan a las personas o grupos que advierten de la gravedad de la situación. La industria lo favorece, y los poderes públicos y los medios de comunicación, también tienen su parte de culpa en ello.

Principales fuentes de CEM de alta frecuencia que nos pasan desapercibidas

Las antenas o estaciones base de telefonía móvil son una de ellas y representan un tercio de la contaminación electromagnética que recibimos. El problema es muy grave para la salud de los afectados más directos y la de las personas electrohipersensibles (EHS). También, cada vez más, la población y el medio rural soportan instalaciones de desmedida potencia, mientras empeora la situación de las abejas y otros animales.
Los dos tercios restantes a este tipo de exposición provienen de estos aparatos que se comercializan sin información de sus radiaciones y sin garantías de control ni instalación.

Los teléfonos fijos inalámbricos, DECT

Están por todos sitios. Comunican una base central con varios supletorios y con el auricular/es mediante emisión potente y constante de microondas, aunque no se usen. Traspasan paredes y llegan con gran fuerza a viviendas próximas. Al final, resultan más peligrosos que los móviles y que las antenas de los tejados, al generar niveles de exposición decenas de veces mayores que las antenas de los tejados a poca distancia. Mientras no llegue su regulación o prohibición, cada usuario informado puede reducir o eliminar su uso.

Los sistemas de conexión a Internet por Wifi

Emiten con menos potencia, pero siempre se suelen dejar conectados. Así las emisiones son por partida doble: las del rúter o punto de acceso y las del ordenador o portátil. La alternativa es el cable desde el rúter al ordenador, mejor de fibra óptica y crear zonas blancas libres de CEM (escuelas, hospitales, parques, plazas, bibliotecas, etc.). Se esta poniendo en peligro a menores instalando Wifi en las aulas ya que se encuentran en una fase crítica de su desarrollo biológico y por sus efectos cerebrales y cognitivos. Tanto Wifi generalizado, incluso en ciudades enteras (WiMax) están sometiendo a una continua y potente fuente de irradiación de microondas, sin el consentimiento de toda la población. También incluye a los más vulnerables, los menores y las personas de edad avanzada, sólo para que unas cuantas personas puedan conectarse a Internet a capricho.

El uso abusivo del móvil

Los usuarios deberían tener acceso a la información sobre los riesgos y las medidas básicas para reducir su exposición. También deberían usarlo de forma racional y no generar radiaciones a las personas que les rodean, sobretodo en espacios cerrados y en vehículos. Un objetivo urgente es regular la utilización de móviles y Wifi en el transporte público, como si se tratase de tabaquismo pasivo.
Según cálculos de reputados científicos, en 2017 el 50% de la población europea sufrirá algún nivel de electrohipersensibilidad, si no se consigue parar el despliegue de cada vez más y más potentes fuentes de irradiación de alta frecuencia.

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